–¿Existe un proceso de trasvasamiento en el kirchnerismo o es un fenómeno espontáneo de incorporación de nuevas generaciones?
–Sí existe, porque el trasvasamiento es necesario por una cuestión ideológica. Y el kirchnerismo fue el que les dio mayor importancia a hombres y mujeres para que se incorporen a la política y a la gestión.
–¿Cuáles son los valores que unen a las figuras jóvenes?
–Lo que nos une a los nuevos dirigentes que se están incorporando con grandes responsabilidades, como es mi caso, es la vocación de no quedarnos a sostener las conquistas, sino de profundizarlas. Esa es la característica de toda renovación, intentar que un proyecto no se estanque.
–¿Cómo se hace para que los jóvenes se interesen en política?
–Discutiendo iniciativas que les interesen tanto a los jóvenes como al resto de la sociedad. Cuando se discutía el matrimonio igualitario hubo muchísimos jóvenes que se interesaron en la política. El debate parlamentario tuvo récord de audiencia. Lo mismo sucedió cuando se discutieron las retenciones. Y cuando la discusión se trata de política, y la política es la que puede hacer que la gente tenga una vida distinta, eso llama la atención de todos. Especialmente de gente joven.
–¿De qué modo volvió a escena la política?
–En el 2001 explotó el modelo de negación de la política y de los actores políticos. Y a partir de 2003, el Gobierno tuvo otra iniciativa y le dio un lugar para que la gente vuelva a confiar en la política.
–¿Existe un valor diferencial “joven” en la mirada sobre la política y la discusión de proyectos de país o el tema no tiene que ver con la edad?
–Lo que agrega la juventud es el empuje para seguir haciendo cambios. Las nuevas generaciones garantizan nuevas ideas. Cuando una persona, un político, ocupa por mucho tiempo un mismo lugar, las ideas se empiezan a limitar, por lo cual la aparición de nuevos acompañantes ayuda a sembrar ideas.
–¿Qué razones explican la famosa brecha entre la política y los jóvenes?
–Comenzó con la antipolítica de terror de la dictadura de los ’70 y se profundizó en los ’90. En la época menemista, las decisiones políticas se tomaban en los distintos ámbitos del poder económico, que no necesitaba ni le convenía tener un poder político que pudiera discutir esas decisiones.
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